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La historia detrás de las caleñas que destaparon una red de explotación sexual en Noruega


Maria Victoria Caicedo G – 14 de enero de 2026

en el Periódico El Colombiano


Chilari Dayana Hernández Díaz lloraba mientras un agente le leía sus derechos. Estaba

rodeada de policías, acusada de trata de personas. Su rostro descompuesto contrastaba con el

que, durante meses, mostraron las jóvenes a las que había convencido de que Europa era la

salida a una vida mejor. Meses antes, esas mujeres también habían llorado, pero no frente a

una cámara ni a un juez, lo hicieron en silencio, lejos de casa, atrapadas en un país

extraño.


La captura de esta mujer y de otro hombre señalado de integrar una organización que

explotaba sexualmente a mujeres vulnerables recorrió el país. Pero detrás del comunicado

oficial de las autoridades hay una historia de valentía, amenazas y explotación.


Según la Fiscalía, Hernández Díaz no era una reclutadora más. Era una de las figuras clave

de una estructura criminal transnacional que se dedicaba a captar mujeres en condiciones de

vulnerabilidad y enviarlas a Oslo, Noruega, donde terminaban sometidas a explotación

sexual.


Todo empezaba en los barrios más golpeados por la pobreza. En ambientes donde escasean

las oportunidades y sobran las deudas, aparecía esta mujer que se presentaba como

empresaria. Prometía viajes, contratos, salarios en euros. Decía que Noruega era una

puerta abierta, que el frío se compensaba con el dinero y la estabilidad. A cambio, pedía

confianza.


La mujer conocía bien ese mundo. Este diario pudo establecer que, antes de convertirse en

reclutadora, ella misma había sido explotada sexualmente en Oslo y que, incluso cuando

empezó a llevar a otras mujeres al país, continuó ejerciendo actividades sexuales en paralelo.


Entre julio y noviembre de 2023, las caleñas víctimas entregaron sus documentos, posaron

para estudios fotográficos en ropa interior, un requisito que entonces no parecía alarmante, y

dejaron que Hernández Díaz gestionara pasaportes, citas consulares y cartas de invitación.

También coordinó su traslado desde Cali hasta el aeropuerto El Dorado, en Bogotá. El viaje

era real. La trampa también.


Cuando aterrizaron en Oslo, la historia cambió. Según los investigadores, las mujeres fueron

sometidas a tratos degradantes y presionadas para realizar actividades sexuales como

forma de pagar su alojamiento, su comida y una deuda que nunca dejaba de

crecer. Lejos de Colombia, sin redes de apoyo y bajo amenazas, quedaron atrapadas.


La Fiscalía sostiene que en esa fase entraba en escena Johan Alexander Cadena Roa, otro

de los presuntos integrantes de la organización. A él se le atribuye la logística y la

intimidación armada para impedir que las víctimas denunciaran o buscaran ayuda.


Tras dos meses de retención en ese país, las víctimas lograron quedar en libertad. En total,

les arrebataron 180 millones de pesos —60 millones a cada una—. De regreso a Colombia,

y pese a las amenazas e intimidaciones de sus captores, decidieron denunciar.


Gracias a esa denuncia, las autoridades lograron seguir el rastro de la red criminal y capturar

a dos de sus integrantes. Además, durante los operativos en hoteles de Oslo, rescataron a

otras mujeres de distintas nacionalidades que también estaban siendo explotadas. Todo

empezó por el valor de las colombianas que se atrevieron a hablar.


Con ese material, agentes de la Dijín y fiscales de la Dirección Especializada contra las

Violaciones a los Derechos Humanos ubicaron y capturaron a Hernández Díaz y a

Cadena Roa.


Ambos fueron presentados ante un juez de control de garantías e imputados por los delitos

de concierto para delinquir agravado y trata de personas. Ninguno aceptó los cargos.


Para las caleñas que lograron salir de la red, la captura no borra lo vivido. Sus historias están

marcadas por el miedo, el desarraigo y la violencia de haber sido convertidas en mercancía.

Mientras tanto, quien las convenció de dejarlo todo lloraba al escuchar la palabra “captura”.

Un llanto que, por primera vez, no era el de una víctima, sino el de quien ahora enfrenta a la

justicia.



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