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“Cuando estaba en el refugio, todo era maravilloso"

- "Trabajaba con amor y compartía con mis compañeras” Bárbara Mi nombre es Bárbara. Crecí en un hogar con padres casados, pero ausentes durante gran parte de mi infancia. En un momento dado, mi madre decidió separarse de mi padre. A pesar de que la convivencia con mis padres fue dolorosa y llena de dificultades económicas, la decisión de mi madre de separarse fue, en cierto modo, un alivio para mí y mis hermanos. Sin embargo, lo que sucedió a continuación marcaría mi vida con sufrimiento.

Tiempo después de la separación, mi madre conoció a un nuevo compañero. Al principio, todo parecía ir bien, pero luego mi hermana le contó a mi madre que su pareja la había tocado inapropiadamente mientras dormía. Mi madre no le creyó, y mi hermana, de 13 años en ese entonces, se fue a vivir con un novio mucho mayor que ella. Mi madre pensó que mi hermana había inventado la historia para justificar su huida.


A los 16 años, conocí a mi pareja y quedé embarazada. No vivíamos juntos porque éramos demasiado jóvenes. Fue entonces cuando conocí el oscuro mundo de la prostitución a través de una mujer relacionada con mi hermano. Me intrigaba cómo ella siempre tenía dinero, así que le pregunté cómo lo conseguía. Me contó lo que hacía y le pedí que me llevara con ella. Así fue como entré en ese mundo.


Después de un tiempo, volví con el padre de mi hija y quedé embarazada nuevamente. En ese momento, él decidió vivir conmigo, y yo lo vi como un refugio para no continuar en la prostitución. Él nunca supo de mi pasado, pero la convivencia con él fue muy difícil, ya que no se hacía responsable de sus hijos y me maltrataba física y verbalmente. Sin embargo, soportaba todo por mis hijos, pues no quería volver a ese mundo. Luego tuve un tercer hijo, pero la situación empeoró y finalmente decidí separarme. Fue tan duro que preferí la prostitución antes que seguir viviendo ese calvario.


Mientras estaba nuevamente en el mundo de la prostitución, conocí a mi segunda y última pareja, con quien tuve dos hijas. Al principio, todo era perfecto, pero luego comenzaron los problemas por sus celos y constantes reproches sobre mi pasado. Un día, la misma amiga que me había


introducido en la prostitución me habló de la Fundación del Buen Pastor, donde ofrecían talleres de formación. Comencé a asistir y conocí a la señora Claudia Quintero, quien estaba abriendo una nueva sede en Cartagena llamada "El Refugio Empodérame Cartagena". Al principio, fui voluntaria apoyando en la cocina y, más tarde, me convertí en cocinera. Sin embargo, los problemas con mi pareja persistían. Cuando estaba en el refugio, todo era maravilloso; trabajaba con amor y compartía con mis compañeras. Pero al llegar a casa, todo cambiaba y tenía que enfrentarme a maltratos verbales y físicos.


Finalmente, decidí hablar con la señora Claudia y contarle mi situación. Ella me dijo que tenía un proyecto en Cúcuta y que, si estaba decidida a cambiar mi vida, me apoyaría. No lo pensé dos veces y acepté la oportunidad. Ahora estoy liderando el comedor de Cúcuta como coordinadora y luchando por un futuro mejor para mí y mis hijos.


A pesar de las adversidades que he enfrentado, he aprendido a ser resiliente y a no rendirme. Hoy, gracias al apoyo y la confianza que me brindó la señora Claudia y la Fundación del Buen Pastor y la Fundación Empodérame, estoy construyendo una vida diferente, lejos de la prostitución y el sufrimiento. A través de mi historia, espero inspirar a otras mujeres que puedan estar pasando por situaciones similares y mostrarles que siempre hay esperanza y oportunidades para cambiar y crecer.

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