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La historia de dos hermanas que buscan reconstruir su vida


Verónica llegó a Colombia sin familia. Cruzó fronteras desde Argentina buscando protección, pero las garras de la explotación no se hicieron esperar. Sobrevivió a la trata de personas, a la violencia sexual y a la inoperancia del Estado. Al ser extranjera, no tenía derecho a la salud ni a casi nada: estaba enferma, sin documentos, sin red de apoyo. Llegó a la casa refugio de Fundación Empodérame, donde recibió acompañamiento psicosocial, jurídico y ayuda humanitaria. A todo lo que ya cargaba, se sumaba una discapacidad cognitiva que convertía cada trámite, cada audiencia, cada documento, en una barrera más dentro de un sistema que no quería atenderla.


La Fundación se echó el caso al hombro. A pesar de que los funcionarios nos decían "hay que devolverla", peleamos incluso una resolución que buscaba deportarla. No la íbamos a dejar sola.


Su caso llegó hasta la Corte Constitucional, máximo tribunal del país. Después de ese largo proceso de acompañamiento jurídico, la Sentencia T-365 de 2024 reconoció las barreras que Verónica había enfrentado y ordenó medidas para garantizar la protección efectiva de sus derechos. La sentencia también reconoció el papel de las mujeres que actúan como "agentes oficiosas", quienes acompañan a otras mujeres sin ser abogadas, en un acto de solidaridad feminista. Ese reconocimiento le llegó directamente a Claudia, la directora de Empodérame, quien estuvo con Verónica en cada momento de esa lucha.


Fue un precedente importante. Pero detrás de esa victoria jurídica había una realidad: una mujer que seguía necesitando compañía, cuidado y alguien que estuviera presente. Verónica, como sobreviviente de explotación sexual, necesitaba ese abrazo de hermanas. Y esa persona era Mica.


Nadia Micaela había entregado su vida al servicio religioso dentro de una congregación católica femenina. Era monja. Desde la distancia, siguió cada etapa del proceso de Verónica: los trámites, las incertidumbres, los litigios. Y llegó un momento en que entendió que su lugar estaba acá, en Colombia.


El 25 de noviembre de 2025 viajó. Desde entonces es presencia cotidiana: acompañamiento emocional, apoyo en la vida diaria, red de cuidado real para una mujer que todavía lleva en el cuerpo y en la mente las secuelas de años de violencia y explotación.


Hoy Fundación Empodérame acompaña la siguiente etapa de esta historia.


Presentamos la solicitud de reconocimiento de la condición de refugiada de Nadia Micaela, la hermana de Verónica. El caso plantea preguntas que el sistema de protección internacional tiene que estar dispuesto a responder: ¿Qué significa proteger la unidad familiar cuando una de las personas involucradas es refugiada y tiene una discapacidad? ¿Cómo se valora el trabajo de cuidado dentro de los mecanismos de protección? ¿Tiene derecho a quedarse quien sostiene la vida de una sobreviviente de explotación sexual?


Como agente oficiosa, Claudia seguirá acompañando este proceso personalmente, con el propósito de que la solicitud sea valorada desde los principios de protección internacional, unidad familiar, discapacidad y acceso efectivo a la justicia.


La historia de Verónica y Nadia es también una historia sobre lo que significa no rendirse. Sobre la solidaridad que existe entre mujeres, incluso cuando las separan fronteras, años y circunstancias. Sobre el derecho a construir juntas un proyecto de vida que sea seguro, estable y libre.


Caminamos juntas por el derecho al refugio y al asilo para las víctimas de la explotación sexual en la prostitución y sus familias.






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