Campamentos Niñez Resiliente: vacaciones para jugar, aprender y cuidarse entre pares

En San Pedro, Valle del Cauca, los periodos de receso escolar se han convertido también en una oportunidad para encontrarse, jugar, aprender y fortalecer vínculos entre niñas, niños y adolescentes.
Desde 2025, Fundación Empodérame desarrolla los Campamentos Niñez Resiliente, una iniciativa comunitaria dirigida a participantes desde los 6 años hasta los 13 y 14 años, organizados por grupos de edad para adaptar las actividades a sus formas de comprender, expresarse y relacionarse.

Durante 2025 se realizaron tres campamentos y en 2026 ya se han desarrollado dos nuevas jornadas, con un próximo encuentro previsto para octubre. La continuidad ha permitido que algunos niños y niñas regresen, que se vinculen nuevos participantes y que el campamento se vaya consolidando como un espacio reconocido dentro de la comunidad.

Cada jornada combina recreación, actividades al aire libre, juegos, conversaciones, trabajo en equipo y espacios pedagógicos sobre situaciones que hacen parte de la vida cotidiana de la niñez. Uno de los temas que se ha trabajado con especial cuidado es la prevención de riesgos en internet y redes sociales.
Con los grupos de mayor edad se conversa sobre privacidad, contactos desconocidos, ciberacoso, grooming, manipulación en línea y formas de captación que pueden terminar en situaciones de explotación sexual o trata de personas. Con los niños y niñas más pequeños, estos mismos principios se trabajan desde actividades sencillas relacionadas con el cuidado del cuerpo, los límites, los secretos que generan incomodidad, las personas de confianza y la importancia de pedir ayuda.
Una parte importante del campamento ocurre entre ellos mismos. A través de actividades por edades y dinámicas grupales, niñas, niños y adolescentes aprenden a escuchar a sus compañeros, reconocer cuando alguien puede necesitar ayuda y comprender que acompañar a un amigo también significa saber cuándo buscar a una persona adulta de confianza.
El mensaje es sencillo: cuidarse entre pares no significa resolver solos los problemas. Significa no ignorar lo que le ocurre al otro, saber escuchar y buscar apoyo oportunamente.
Los campamentos también buscan recuperar algo básico pero esencial: que la niñez tenga espacios donde pueda jugar, compartir, moverse, hablar y sentirse parte de una comunidad. Por eso las jornadas no se reducen a talleres. Hay actividades deportivas, juegos colectivos, ejercicios creativos y momentos de convivencia que ayudan a fortalecer relaciones entre participantes de diferentes edades.
La espiritualidad también hace parte de la experiencia. Durante cada campamento se realizan espacios de devocional, con momentos de reflexión, gratitud, esperanza y conversación alrededor del cuidado, el respeto y la dignidad de las personas. Estos espacios se desarrollan respetando las creencias y tradiciones de las familias y reconociendo también las expresiones espirituales y culturales presentes en la comunidad.
Alrededor de las jornadas participan personas adultas de la comunidad, familias, facilitadores y personas vinculadas a espacios de fe que acompañan el desarrollo de las actividades y contribuyen a mantener entornos seguros.

Con el paso de los campamentos hemos aprendido también que no todas las edades necesitan lo mismo. Los grupos de 6 a 8 años requieren actividades mucho más lúdicas y centradas en reconocimiento de emociones, límites y personas protectoras. Entre los 9 y 11 años empiezan a aparecer con mayor fuerza temas relacionados con amistades, juegos en línea y uso de dispositivos. Con los grupos de 12 a 14 años, las conversaciones pueden profundizar en redes sociales, presión de pares, relaciones digitales, privacidad, captación y toma de decisiones.
Esa organización por edades ha permitido que los contenidos no se impartan como una charla general para todos, sino que se adapten a las preguntas, experiencias y formas de participación de cada grupo.
Después de cinco campamentos realizados entre 2025 y 2026, la experiencia continúa creciendo. El próximo encuentro será en octubre de 2026 y mantendrá la misma idea que dio origen al proceso: ofrecer durante los recesos escolares un lugar donde la niñez pueda disfrutar, aprender herramientas para su propia protección y fortalecer relaciones de confianza con otros niños, adolescentes y adultos de su comunidad.

Para Fundación Empodérame, Niñez Resiliente se ha convertido en una forma sencilla de hacer prevención desde el territorio: jugando, conversando, construyendo confianza y recordando a niñas y niños que, frente a una situación que les genere miedo, presión o incomodidad, siempre debe existir alguien a quien puedan acudir.

La sostenibilidad de Campamentos Niñez Resiliente radica en que no se trata de actividades aisladas, sino de una estrategia periódica que se activa de manera recurrente durante los recesos escolares. Desde 2025 se han realizado varios ciclos en junio, octubre y noviembre, y en 2026 la iniciativa ha continuado con nuevos encuentros, permitiendo reforzar aprendizajes, mantener el vínculo con las niñas, niños y adolescentes, integrar nuevos participantes y consolidar una red comunitaria de protección. La metodología puede repetirse y adaptarse por grupos de edad, incorpora facilitadores, familias, actores comunitarios y espacios de fe, y deja capacidades instaladas en la comunidad para reconocer riesgos, pedir ayuda y fortalecer el cuidado entre pares. Su continuidad en el tiempo y su posibilidad de réplica hacen que funcione como un proceso comunitario sostenido, no como una sucesión de jornadas independientes.


