“Ana: un camino lento, pero firme, hacia la justicia”
- Prensa Empoderame
- 29 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Ana* creció en un entorno donde la violencia sexual era constante y normalizada. Desde los cuatro años sufrió abusos por parte de su padre biológico y otros adultos cercanos. Durante más de una década fue víctima de trata de personas, explotada por su propio padre. Vivió amenazas, silencio forzado y abandono
institucional. Aunque buscó ayuda, ninguna institución activó mecanismos de protección.
A los 13 años, tras sufrir acoso escolar, Ana intentó “irse” de todo por primera vez. Su salud mental se deterioró durante la adolescencia: disociación, insomnio, recuerdos fragmentados y crisis emocionales constantes. Aunque relató su historia en varias oportunidades, nadie activó el sistema de justicia.
Después de un segundo intento de terminar con su existencia, finalmente encontró un profesional que decidió creerle y abrir un proceso penal. Sin embargo, el caso—bajo investigación en la Fiscalía número 16 Local de Buga, Valle del Cauca—avanzaba lentamente. No había claridad sobre las actuaciones, no se
habían adoptado medidas de protección y existía riesgo de que los delitos prescribieran sin que nadie respondiera.
Fue en ese punto cuando Ana empezó a hacer parte del acompañamiento de la Fundación Empodérame, diseñado precisamente para enfrentar las barreras de acceso a la justicia que sufren las sobrevivientes.
Después de varias sesiones clínicas, Empodérame elaboró un informe psicosocial forense, donde se documentó el impacto del abuso crónico: trauma complejo, disociación, hipervigilancia y afectación profunda del proyecto de vida. Este documento permitió que la Fiscalía comprendiera la magnitud del daño y la urgencia del caso y hace parte de las piezas procesales para acusar al agresor.
Simultáneamente, Empodérame presentó una solicitud formal de impulso procesal (expidiendo una acción judicial para avanzar en el proceso), exigiendo avances, medidas de protección y una actuación diligente. Gracias a esta presión institucional, el proceso se reactivó, se revisaron los tiempos procesales y se
adoptaron lineamientos para priorizar el caso.
Por primera vez en su vida, Ana sintió que una institución la escuchaba y que el Estado comenzaba a responderle.
Su proceso es un ejemplo de cómo, con el apoyo adecuado, las sobrevivientes pueden pasar del silencio impuesto a la exigencia de sus derechos. También muestra por qué es urgente fortalecer el sistema de justicia en Colombia: para que ninguna niña tenga que esperar décadas para ser escuchada.
Este avance ha sido posible gracias al trabajo de Empodérame.
Nombre cambiado.
“La Fundación Empodérame recibe el apoyo de la Agence Française de Développement. Las ideas y opiniones presentadas son responsabilidad exclusiva de sus autoras y no necesariamente reflejan el punto de vista de la Agence Française de Développement.”




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